Marzo de 1996. Complejo de La Moncloa. Madrid. 11.00 horas. Miguel Díaz-Pache, diplomático fallecido en un accidente en México, abría la puerta de su despacho para recibirlo. Llevaba Carlos Fuente, hoy presidente de la Escuela Internacional de Protocolo, bajo su brazo una carpeta de no más de diez folios donde daba cuenta de la iniciativa de crear una Escuela de Protocolo, el Plan de Estudios de la misma, su estructuración y funcionamiento y los detalles para su paulatina implantación en toda España. El entonces Jefe de Protocolo del Estado lo leyó con atención. Minutos de silencio. Cuando concluyó su lectura hizo un comentario breve y entonces atrevido: “Esto es lo que necesita la gente que quiera especializarse en Protocolo, pero me temo que no va a ser nada fácil el camino”.
Hay que hacer algo
Octubre de 1993. Vestíbulo principal del Hotel de la Reconquista de Oviedo. Hacía apenas unos minutos que los actos de entrega de decimotercera edición de los Premios Príncipe de Asturias había concluido. Graciano García, director de los mismos, reflexionaba distendido, en una conversación que el número 1 de la Revista Internacional de Protocolo, recogería posteriormente: “Asturias, gracias fundamentalmente a los premios Príncipe de Asturias, a los cursos de Experto en Protocolo de la Universidad de Oviedo y a la puesta en marcha de su Banco Internacional de Datos de Protocolo, ha hecho mucho por potenciar y dignificar esta profesión y esta disciplina. Todo este esfuerzo que se renueva de año en año, y que incluso ha creado una Escuela de futuro, puede perderse si no hacemos algo”.
Enero de 1994. Calle de Asturias. Oviedo. 19,00 horas. Camilo López, director general de Ediciones Nobel, se entrevista con Carlos Fuente y le expone que desde 1992 funciona la empresa Instituto de Estudios de Protocolo y Educación Social con el objetivo de promover publicaciones y encuentros en materia de Protocolo. Le pide su colaboración y que se sume al proyecto con el objetivo de generar ideas que dinamizasen la profesión de Protocolo y la dotasen de rigor científico. López hacía referencia a la importancia que Oviedo estaba teniendo como ciudad pionera en Protocolo, debido fundamentalmente al trabajo que se venía haciendo desde la Fundación Príncipe de Asturias y los cursos de Experto de la Universidad de Oviedo, que estaba teniendo impacto nacional e internacional, y a lo que se añadían ahora las publicaciones que Nobel estaba realizando en esta materia, una de ellas el Libro del Saber Estar prologado por S.M. la Reina.
Mayo de 1994. Mismo despacho. Camilo López tiene en su poder sendos proyectos: el anteproyecto de creación de la Revista Internacional de Protocolo y la posible convocatoria para el año siguiente del I Congreso Internacional de Protocolo. No existía en el mundo publicación periódica alguna en esta disciplina y desde hacía años no se celebraba un Encuentro con vocación internacional en la materia. Las propuestas no quedaron en balde.
Junio de 1994. Se presentan los proyectos al Jefe de Protocolo del Estado, al de la Casa de S.M. y a la Introductora de Embajadores del Ministerio de Asuntos Exteriores, así como al Rector de la Universidad de Oviedo, al Director de la Escuela Diplomática y al de la Fundación Príncipe de Asturias. Fruto de las diferentes reuniones preparatorias, el 14 de diciembre de 1994 se constituiría en el Palacio de Santa Cruz, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, el Comité Organizador del I Congreso.
Una vez al mes, desde enero hasta septiembre de 1995 se celebrarían reuniones del mismo. Unas veces en el Ministerio de Asuntos Exteriores, otras en la Escuela Diplomática. Fueron meses de intensos trabajos, de sucesivas pruebas para la nueva Revista, de trabajo arduo en la convocatoria del Congreso. Todo ello realizado desde una pequeña oficina de 20 metros cuadrados en la calle de Uría en Oviedo, dirigida por el propio Carlos Fuente, y atendida por una persona, Neus Marín (hasta entonces jefe de protocolo de Vilanova y la Geltrú), a la que meses más tarde se sumaría Elvira Correas, hoy directora de Ediciones Protocolo.
Nace la Revista
Septiembre de 1995. Jueves, 20. Diez de la mañana. El hotel de la Reconquista de Oviedo ve nacer los dos primeros proyectos. Se inaugura el I Congreso Internacional de Protocolo, con cerca de cuatrocientos congresistas de 55 países. Había por delante tres días de intensas sesiones con más de treinta ponencias distribuidas en cinco bloques temáticos. Los jefes de protocolo de los quince países entonces miembros de la UE cerraban con una espectacular mesa redonda coordinada por Cristina Barrios. Incluso en aquél Congreso, María Carretero aprovecharía el marco del encuentro para impulsar la recién creada Asociación Española de Protocolo, fruto de la iniciativa de los alumnos que seguían el curso de la Cámara de Comercio de Madrid que dirigían José Carlos San Juan y Fernando Rueda, entonces miembros de la Guardia Real y ya reconocidos expertos en Protocolo.
El mismo día, se presentaba oficialmente el primer número de la Revista Internacional de Protocolo, dirigida por Carlos Fuente, quien también es periodista, con una tirada de tres mil ejemplares y una portada toda en azul con una pequeña foto con la imagen de la cara del que entonces era el Jefe de Protocolo de la Comisión Europea: Marcello Burattini. “Deben revisarse ciertas prácticas protocolarias”, rezaba el titular de la entrevista del representante europeo. Sus palabras venían a ser casi una premonición de cuál debía ser el trabajo fundamental de la propia revista y de los congresos. De hecho su editorial lo dejaba claro. Bajo el título “Un proyecto colectivo”, decía en su segundo párrafo: “El objetivo fundamental de esta publicación es el de contribuir a un mayor conocimiento, a un permanente reciclaje y a la puesta al día de una profesión, ciencia al mismo tiempo, que persigue el cumplimiento de la legislación propia de los Estados, el respeto a los usos y tradiciones y el correcto ordenamiento de las instituciones y sus representantes. Pretende, además, difundir informaciones y técnicas que permitan una adecuada organización de los actos en otros ámbitos de la sociedad no sujetos a la normativa que rige los actos oficiales”.
Tras ese arranque de Oviedo, continuaría un intenso trabajo para dar continuidad a las acciones iniciadas. La Revista seguiría saliendo cada tres meses y se trabajaba ya en el II Congreso Internacional de Protocolo, que tendría a Sevilla como sede. Fue en enero de 1996 cuando Carlos Fuente pide excedencia en el Ayuntamiento de Oviedo para dedicarse en exclusiva a la nueva entidad que pasaría a llamarse Instituto de Estudios de Protocolo, y cuya sociedad había sido adquirida fechas antes por Gerardo Correas, economista y licenciado en Ciencias Empresariales, que también dejaría todas sus actividades profesionales para ocupar la vicepresidencia de la EIP, y el propio Carlos Fuente. Ambos emprenderían un camino en el que doce años después aún continúan.
El centro de formación especializada
Fue en enero de 1996 cuando trasladan la nueva sociedad a la calle de Santa Teresa en Oviedo, dotada de unos pocos metros cuadrados más, para hacer frente a los nuevos retos, entre ellos crear un centro de formación específico que con carácter nacional permitiera una formación universitaria acorde con las exigencias legales en materia de titulaciones y que diera respuesta a las previsibles exigencias del mercado laboral. Nacía así el centro de formación, que más tarde se llamaría Escuela Internacional de Protocolo, ya con su sede en Madrid. En esos primeros instantes, con el proyecto en la mano e impartiendo cursos especializados por diversos lugares de España, se celebran numerosas reuniones para exponer el proyecto de creación de una titulación especializada que ofreciera formación universitaria y tuviera un plan de estudios estructurado sobre las exigencias de una carrera universitaria de grado medio. “Estábamos convencidos, y seguimos convencidos, de que ésa era la única fórmula para que en España se llegue algún día a reconocer oficialmente la profesión”, manifiesta Carlos Fuente, quien añade: “La fórmula del Experto Universitario estaba bien, pero era insuficiente querer reivindicar una profesión a través de unos estudios que apenas llegaban a las cien horas lectivas. El Experto cumplió su función en un momento de vacío formativo, incluso puede seguir siendo vigente para personas que necesiten por sus trabajos bien reciclar o bien tener mínimos conocimientos de protocolo. Pero no nos parecía correcto que alguien se llame experto por asistir a un curso tan corto”.
El proyecto tuvo una acogida desigual en el panorama protocolario nacional. Mientras a algunos expertos les parecía absolutamente necesario –caso de Miguel Díaz-Pache–, otros entendían que Protocolo no daba para una formación universitaria a la escala que se estaba planteando (similar a una diplomatura). Preferían seguir en la línea de cursos relativamente cortos que aunque con respaldo universitario no respondían a las necesidades exigibles formativas para que con el tiempo fuera reconocida como una profesión. “Fueron momentos de intensos debates”, recuerda Carlos Fuente. “Consultamos a todos y como no había unanimidad al respecto, decidimos congelar el gran proyecto formativo y dejar que el centro de formación iniciara sus pasos lentamente a través de la celebración de cursos específicos. No queríamos crear un cisma al espíritu generado tras el I Congreso y pensamos que lo mejor era dar tiempo a la reflexión y a la maduración. Pero nosotros comenzamos a impartir clases y a preparar la documentación, con un objetivo: teníamos que ofrecer un Protocolo distinto, diferencial, actualizado y puesto al día. Las experiencias habidas se estaban quedando desfasadas y el mercado de trabajo estaba demandando un perfil de profesional diferente, más comunicador, menos rígido y protocolario y con una perspectiva más amplia de conocimientos y experiencia. Se estaba pidiendo a gritos que se abriera el Protocolo a otros sectores, y lo cierto es que en aquella época pocos expertos reconocían la existencia de protocolos diferentes al estrictamente oficial”.
Lanzamiento de los estudios
Septiembre, octubre y noviembre de 1997 fueron meses intensos. Frente a las dificultades, había que desarrollar a marchas forzadas el proyecto de la puesta en marcha de la Titulación Superior en Protocolo y Relaciones Institucionales, unos estudios de tres años hechos de acuerdo a las exigencias legales existentes en España para una diplomatura. Tal y como manifiesta Carlos Fuente, “teníamos claro que había que ofertar unos estudios que por lo menos tuvieran el tamaño de una carrera de grado medio, si queríamos pensar en el reconocimiento futuro de la profesión, hasta ese momento prácticamente inexistente. Había magníficos profesionales y expertos en diferentes instituciones y entidades, pero no había un sentimiento colectivo de profesión moderna y crucial, sino más bien la imagen de un protocolo que sólo servía para atender a las grandes instituciones del Estado. Y, sobretodo, no veíamos en el mapa formativo de protocolo alternativas que favorecieran esa necesidad de crear profesión y de extender el protocolo a todos los sectores, porque la sociedad en general iba a empezar a demandarlo y no se podía enseñar sólo protocolo oficial cuando la gran demanda llegaría por otros sectores. Pero es que además la propia Administración estaba viviendo una profunda modernización y exigía un perfil de técnico de protocolo muy diferente. La tecnología tenía que sustituir los lápices y planos hechos a mano, había que romper con la dualidad enfrentada protocolo-comunicación, había que incorporar el mundo del diseño y la arquitectura de espacios, revisar las técnicas de organización, contribuir a la flexibilización del Protocolo y, sobretodo, sensibilizar a la sociedad en general”.
De esta manera de pensar lo era también el embajador y ex jefe de Protocolo del Estado, Tomás Chavarri, tristemente fallecido el 8 de enero de 2006, y que desde el primer momento se volcó en el proyecto, convirtiéndose en el Tutor General de toda la formación, una persona que se implicó durante los diez años, incluso hasta momentos antes de que la muerte llamara a su puerta.
La sede de Génova
Se fueron llegando a acuerdos con los proveedores, se encontró un pequeño piso en la calle de Génova de Madrid donde se pudo habilitar un aula para la primera promoción y así, en enero de 1998, los primeros cien alumnos formaban la misma en Madrid y otros cerca de 70 en Granada. El 10 de enero de 1998 nacía la titulación, aún entonces sin un respaldo firme de una titulación universitaria, aunque sí con buenos augurios. Cristina Barrios, Introductora de Embajadores, junto a María Carretero, presidenta de la Asociación Española de Protocolo, fueron las responsables de inaugurar el primer curso, en un aula en la que todavía nadie se explica cómo entraron cien personas. Y en un aula, cuyas sillas habían llegado esa misma madrugada en una camioneta procedente de Oviedo. “No sé cómo logramos arrancar”, apunta Gerardo Correas.”Entramos al piso de Génova con luz de obra que nos prestaron en el piso de abajo, acondicionamos el local, hicimos los folletos, carteles, anuncios en varios diarios nacionales… Un milagro para no tener entonces un duro y sí muchas deudas. Había momentos en que Carlos no paraba de escribir unidades didácticas para los alumnos, mientras el escaso personal administrativo matriculaba y yo atendía en una esquina habilitada como despacho a personas que reclamaban deudas pendientes de Sevilla. Pero gracias a la ayuda de determinadas personas ajenas al mundo del Protocolo y a la firmeza de un plan duro de pagos, pudimos remontar la situación financiera en cinco años, y todo ello sin dejar de crecer”.
“Era lógico que las primeras promociones tuvieran una cierta sensación de inestabilidad por los escasos recursos con que nacíamos y la fragilidad que todo proyecto innovador acarrea. Aunque contábamos con decisivos apoyos de reconocidos responsables de Protocolo de las principales instituciones, no todo el mundo quería que nuestro proyecto saliera adelante. Pero con trabajo arduo, mucha paciencia y dedicación, buenas clases y atención al alumno, prácticas de trabajo, y mucha honradez, fuimos saliendo poco a poco, sin esconder la cara en momento alguno. Llegaron entonces en el verano de 1998 los primeros acuerdos con la Universidad de Granada, gracias a los buenos oficios de Manuela Suárez Pinilla, y con la Universidad Miguel Hernández de Elche, gracias también al apoyo de Concepción Alhama y su marido José Luis Campillo, expertos en Protocolo y modestos titulares de una empresa de organización de eventos, hoy máximos responsables del Centro de Elche, que supieron transmitir al Rector, Jesús Rodríguez Marín, nuestras inquietudes”.
Poco a poco las nubes se iban despejando, aunque en todo momento nos encontramos con comentarios calumniosos y acciones malintencionadas que pretendían desprestigiar. “Pero nuestra política siempre ha sido: que digan y hagan lo que quieran. Nosotros tenemos la conciencia tranquila y nuestra misión es sacar adelante esta preciosa idea. Lo que hagan los demás no es nuestro problema. Sigamos caminando”. La economía, en esta primera fase, era de tanta emergencia que Carlos Fuente dormía en una pequeña habitación acondicionada en un despacho de la Escuela en Génova y Gerardo Correas lo hacía en una modestísima pensión, mientras su familia se quedaba en Oviedo. “En un año nos hicimos más de ochenta mil kilómetros”, dice Correas, “recorriendo España dando cursos con dos objetivos: dar a conocer nuestro ilusionante proyecto y generar recursos económicos para pagar deudas y generar recursos para invertir en el nuevo proyecto. Íbamos en sendos coches de cuarta mano que terminaron por ser nuestros renqueantes aliados en la soledad de la carretera. Era duro ir de un lado para otro con un teléfono móvil que daba miedo cogerlo; pero la situación tenía la contrapartida de la magnífica acogida que nuestra alternativa formativa tenía en todos los lugares”.
Las clases
La Escuela es hoy una realidad consolidada gracias al tesón de estos primeros instantes. La primera promoción recibía todas las tardes sus clases y a primeros de mes, cientos de folios de documentación que día a día se iban elaborando por un grupo de expertos. Según Carlos Fuente, “quizá una de las claves del acierto consistía en la buena preparación de las clases, la espléndida documentación propia que repartíamos a los alumnos y la exquisita pedagogía que seguíamos para conseguir los objetivos docentes. En esto, el apoyo brindado por las universidades de Granada y Elche fue fundamental, así como la interacción con los alumnos, que nos permitía aprender cada día nuevos métodos y corregir de forma constante los errores de un proyecto que por carecer de antecedentes no tenías donde mirar para inspirarte. Todo lo íbamos creando según nuestra forma de ver las cosas y por el resultado de las experiencias. También fue clave haber dispuesto de un personal administrativo y docente que en su mayor parte era consciente de nuestras dificultades y ofrecerse los primeros en asumir la situación. Otros, los menos, arrojaron la toalla, pero también a ellos les estamos agradecidos. Sin sus aportaciones hoy no estaríamos aquí”.
Vino entonces la segunda promoción en octubre de 1998, el nacimiento de la Escuela de Valencia y la puesta en marcha de la titulación de Experto Universitario en Protocolo y Ceremonial por la Universidad Miguel Hernández. Seguirían en cursos siguientes nuevas promociones y el nacimiento de nuevos centros en Valladolid, Canarias, Elche, Barcelona, Oviedo, Islas Baleares, Aragón, Córdoba, Hungría, Argentina y desde el curso 2007-2008, A Coruña… “La decisión de abrir nuevos centros venía siempre por el alto número de personas que cursaban a distancia nuestros estudios en Madrid y por la demanda que detectábamos en cada lugar. Pero nunca autorizamos la apertura de un centro sin que antes se dispusiera de una plantilla docente adecuada, unas instalaciones idóneas y un plan de prácticas que garantizase la buena calidad que siempre hemos pretendido”.
La titulación universitaria
En 1999 nuestros estudios ya eran universitarios. Las Juntas de Gobierno de nuestras dos universidades aprobaban oficialmente nuestros planes de estudios y otorgaban las titulaciones propias. Se cumplía así uno de los objetivos esenciales del proyecto. “Éramos conscientes de que convencer al Ministerio de que Protocolo fuera una titulación oficial era entonces imposible. Si Periodismo había tardado años y Turismo también, no debíamos pretender que en menos de dos años el Estado nos diera el total respaldo. Pero era al menos importante que los estudios fueran universitarios, con una titulación universitaria y una docencia e investigación netamente universitaria”.
Iniciaba así la Escuela en el año 2000 su segunda fase. Debía convertirse en su forma de funcionar y estructurar en un centro estrictamente universitario. No bastaba con dar clases y evaluar. Era necesario transformar la Escuela en una especie de Facultad universitaria. “Ése empezó a ser nuestro horizonte. Sabíamos que si nuestra oferta educativa debía de consolidarse precisaba de más pasos: había que estructurarse en departamentos, promover la investigación, disponer de una buena biblioteca especializada, mejorar nuestra sede y las aulas, tecnificarlas, exigir al profesorado sistemas pedagógicos actualizados, mejor material audiovisual como soporte a las clases, más prácticas, publicaciones especializadas, formación al profesorado, potenciación de nuestra página web y sus aulas virtuales y generar otras actividades que sirvieran para fomentar la profesión de protocolo en el conjunto de la Sociedad. Si estábamos ofreciendo una nueva forma de organizar, en definitiva, un nuevo protocolo, debíamos de contarlo. Si queríamos hacer profesión, debíamos dar pasos sólidos para conseguirlo. Quizá ése ha sido uno de nuestros grandes aciertos y quizá por ello nos hayamos convertido en la institución que más ha trabajado por el bien general de la profesión. Hoy creemos que la profesión le debe mucho a esta Escuela, porque ha invertido siempre en iniciativas que la potenciaran, en beneficio de todos los profesionales presentes y de futuro”.
De Santa Bárbara a Duque de Alba
En el año 2000, la sede central de la Escuela cambia por necesidades de espacio y se va a la Plaza de Santa Bárbara, también en Madrid, dos pisos de mil metros cuadrados, con cinco aulas, capaz de albergar los tres cursos de los estudios, un aula informática y de nuevas tecnologías, la mejor biblioteca especializada existente en el mundo y los despachos necesarios para una adecuada atención de los alumnos y de los asuntos que se iban poniendo en marcha.
Fue en esta sede en donde la EIP se consolidó definitivamente. En este lugar estuvo hasta el verano de 2006, momento el que se traslada a otro lugar por un motivo claro: ampliar superficie y medios para ofrecer más posibilidades. En septiembre de 2006 se abría la nueva sede en el Palacio del Duque de Alba, en la calle Duque de Alba, 15. Más de 2.000 metros cuadrados con unas instalaciones muchísimo mejores en la que los alumnos estudian con más medios a su alcance.
Ediciones Protocolo
La decisión de crear Ediciones Protocolo, como una institución ajena a la Escuela, pero inmersa en el proyecto general de EIP, venía dada por dos motivaciones esenciales: potenciar la Revista Internacional de Protocolo que hasta ese momento venía viviendo severas dificultades de subsistencia y lanzar al mercado libros especializados y actualizados de los que hasta el momento había muy pocos. “Si queremos una profesión fuerte y aspirar a una titulación reconocida debemos contar con amplios fondos editoriales en la materia. Y es que muchos piensan que el reconocimiento llega de la noche a la mañana, y eso es imposible. Hay que trabajar años en varios frentes para conseguirlo: es necesario consolidar buenas y serias ofertas educativas que se adapten a las nuevas normas españolas y europeas, hay que tener una asociación fuerte, hay que disponer de una asociación de antiguos alumnos, hay que investigar, hay que publicar, hay que consolidar foros de encuentro como el congreso, realizar actividades abiertas a la Sociedad en general, etc. Solo cuando consigamos eso podremos aspirar al sueño de todos: la oficialización y la creación del colegio profesional”.
Desde aquél febrero de 1996 han pasado unos años en los que la Escuela Internacional de Protocolo ha desarrollado un proyecto que hoy es una gran realidad. Para el curso 2010/2011 se proponen 14 titulaciones universitarias, entre las carreras y la formación de postgrado y cursos de especialización. Una realidad por la que han pasado desde su puesta en marcha casi quince mil alumnos, que recibieron las clases de casi quinientos profesores especialistas, y de los que un 65 por ciento trabajan en puestos de protocolo o próximos. Una realidad con diez congresos internacionales a la espalda (Madrid en 2004, Buenos Aires en 2005, Zaragoza en 2006, Roma en 2007, Campos do Jordao en 2008 y Bilbao en 2009 fueron los últimos), más de 50 convenios con universidades de todo el mundo, más de un millar de convenios con empresas para la realización de prácticas, una biblioteca especializada con más de tres mil volúmenes, un fondo editorial con cerca de treinta publicaciones, más de tres mil trabajos de investigación en su Banco de Datos, 53 números de Revista Internacional de Protocolo, once ediciones del Premio Internacional de Protocolo, y más de tres mil apariciones en medios de comunicación nacional y regionales…
Y, sobretodo, la Escuela ha sido protagonista esencial de los cambios en Protocolo habidos en España en los últimos diez años. Porque es cierto que en este país en diez años el Protocolo ha cambiado y la EIP ha colaborado en ello de una forma decisiva. Nació con muchas dificultades, pero siempre su horizonte lo tuvo claro y por eso hoy es, sin lugar a dudas, el primer centro especializado del mundo. Su trabajo y sus reconocimientos son sus avales. Sus alumnos su mejor testimonio. Su ilusión el motor que sigue tirando de una realidad que seguirá creciendo porque esta profesión necesita de iniciativas de este tipo. Su capacidad para sumarse a los esfuerzos generales para el reconocimiento profesional, el compromiso que sigue vivo. Su humildad y su modestia, la luz que sigue iluminando el camino. Sus ganas de seguir innovando, el norte. “Hoy cuando miramos atrás da cierto vértigo. Pero sabes que todo esto no hubiera sido posible si de la mañana a la noche no hubieras dejado la piel en algo en lo que crees y consideras importante para todos”, afirma Carlos Fuente.
La Escuela Internacional de Protocolo es, sin lugar a duda, pionera como centro especializado en protocolo en el mundo. No es tampoco la única que imparte formación en protocolo, pues otras alternativas también interesantes existen. Pero hay algo que la diferencia: el tamaño de su gran proyecto y su alto nivel de especialización y de actualidad. A lo largo de estos últimos diez años, desde la EIP se han organizado trascendentales eventos promovidos por instituciones públicas y entidades privadas y se responde diariamente de media a más de veinte consultas a través de sus teléfonos o correos electrónicos procedentes de todos los rincones del planeta. Y es que, como dice su presidente, “la EIP es un centro donde se respira continuamente protocolo y organización y producción de eventos y ha consolidado una estructura y un sistema de funcionamiento muy similar a una facultad universitaria”. |